Sobrevivir a la transfobia

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El discurso mediático alrededor del proyecto de subsidios para personas trans. presentado por la legisladora María Rachid (FpV) estuvo teñido de prejuicios y discriminación transfóbica.

Valentina Castor / Tomás Máscolo

La vida de las personas trans está marcada por la marginación: la gran mayoría fue echada de sus hogares a muy temprana edad o en la adolescencia, cuando empiezan a construir su identidad. La mayoría también termina siendo expulsada de las escuelas o abandonan por la discriminación y el acoso del que son objeto. A las dificultades de conseguir trabajo por la falta de capacitación y estudios, se agrega la discriminación laboral por ser trans, lo que lleva a que la mayoría sólo pueda sobrevivir con algunos empleos informales, precarios, changas o tenga como única salida de supervivencia la prostitución.

Estas son las condiciones que exponen a las personas trans a la violencia de los clientes, a las redes de trata, a la extorsión policial, las violaciones y golpizas que muchas veces terminan con sus vidas prematuramente. Se enfrentan al VIH y demás enfermedades de transmisión sexual, a las cirugías y tratamientos clandestinos que traen consecuencias muchas veces letales, a la violenta vida de la calle. Pero a la deficiente atención de la salud pública que sufren los sectores populares o quienes no tienen acceso a obras sociales y coberturas médicas prepagas, se suma la falta de capacitación del personal médico para tratar a personas trans, el miedo a la burla y a ser maltratadas que también impiden su llegada a los hospitales.

Las personas trans son en su mayoría mujeres jóvenes en situación de prostitución. El 85% de las mujeres trans está o estuvo en situación de prostitución y un 6m3% en el caso de los varones trans.

Por todos estos motivos, el promedio de vida de las personas trans es de 35-40 años. Según una investigación realizada por ALITT, la primera causa de muerte es el VIH, otra de las terribles causas es el abuso policial, como también los femicidios por transfobia, ya que muchas mujeres trans han sido asesinadas por sus parejas, los proxenetas que la explotan sexualmente o eventuales clientes.

Todos estos motivos son más que suficientes para comprender por qué, una persona transexual que logró sobrevivir a estas condiciones, y llegar a los 40 años, difícilmente consiga trabajo, por más que exista la ley de identidad de género. Sin embargo, los medios apuntaron a estigmatizar a las personas trans, a propósito del proyecto presentado por la legisladora porteña María Rachid, para que reciban un subsidio. La diputada massista, Mirta Tundis dijo que “esto indigna a los jubilados que desde hace tiempo reclaman un bono o un plus adicional. Sus aumentos, este año, fueron devaluados, y su poder adquisitivo bajó considerablemente”.

Lamentablemente, también el dirigente ferroviario Rubén “Pollo” Sobrero, de Izquierda Socialista se hizo eco de estos comentarios reaccionarios. Sobrero, en su cuenta de twitter escribió “Travestis 8000, presos 4000, jubilados 3500 pesos. Es joda, NO?”. Máxima Fernández, mujer trans y militante del PTS en el Frente de Izquierda -donde también se enrola el partido de Rubén Sobrero-, le respondió desde su cuenta de Facebook: “Espero que reflexione en cuanto a sus opiniones y se ilustre más sobre nuestra tradición de lucha y las cuestiones de opresión que este sistema ejerce no solo sobre los obreros, sino también sobre los marginados y las mujeres y entienda que nosotrxs también luchamos por un mundo sin explotados ni explotadores, incluso en el mismo Frente político que usted.”

Lo cierto es que, el gobierno nacional dispone, en el presupuesto anual, un gasto de 80 millones de pesos para pagar salarios y becas a 133 obispos, 640 sacerdotes y 1400 seminaristas, que ningún partido de la oposición macrista, de Massa o FA-UNEN cuestionan. Como sí lo están haciendo con un subsidio para las personas trans de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que es verdaderamente un gasto irrisorio, para el gobierno porteño, comparado con otros. Los medios no quisieron escuchar las aclaraciones de la legisladora Rachid que mencionó que la cifra no iba a alcanzar los 8 mil pesos que se anunciaba, sino que llegaría apenas a 2 mil pesos para cubrir a no más de 100 personas trans que cumplen con los requisitos necesarios para obtener el subsidio.

Las penurias del pueblo trabajador (despidos, bajos salarios, inflación, falta de viviendas, etc.) se descargan con mayor peso sobre las personas trans, al punto de convertirlas en un grupo social cuya expectativa de vida es de la mitad de años que el promedio de los habitantes de Argentina. De aprobarse este proyecto, no estaría eliminada la transfobia ni la discriminación de las personas LGTBI, pero sería un paliativo para una pequeña comunidad que sobrevivió a tantos agravios y humillaciones.

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