El hilo de Ariana

aViernes, 11 de julio de 2014

El hilo de Arianaa

Por Paula Jiménez España

La verdad se defiende sola, dice Ariana Cano, mientras cuenta a Soy su trabajo para encontrar la paz propia y ajena, su iniciático viaje a la India y sus estudios con Louise Hay. Se defenderá sola, pero cuando la defiende el hilo de su voz, suena mejor. Encanto, militancia y un toque esotérico, así es el mundo según Ariana, que acaba de cumplir sus primeros 10 años

Era 2008 y la Ley de Identidad dejaba su crisálida de ensueño y comenzaba a convertirse en un proyecto para la equidad social. Ariana Cano, la primera locutora trans argentina, fue una de las figuras que salieron a poner el cuerpo en los medios para enfrentar lo que viniese. En un video del año 2011, por ejemplo, se la puede ver en TN, sentada delante de Nelson Castro, respondiendo a cuestiones como: “Si una persona contrae una deuda y luego cambia de género en su documento, ¿queda eximida de pagarla?”. “La Ley de Identidad de Género no mata a una persona y hace nacer una nueva”, responde, inmutable. Resulta difícil imaginarla alterada, perdiendo esa serenidad. “Siempre fui diplomática –explica–, pero digo las cosas que me parecen. Y estoy en paz conmigo, aprendí que la verdad se defiende sola.”

¿El origen de esa paz está en tu viaje a la India?

–En parte sí. Ese fue un viaje que deseaba hacer porque me interesaba conocer de cerca todo lo que venía leyendo desde hacía diez años sobre Sai Baba. Hice muchos descubrimientos sobre mi persona, principalmente que debo ser yo ante todo porque mi felicidad es lo que va a reinar el resto de mi vida. Cada uno puede ser lo que quiera, teniendo en cuenta que no sólo hay hombres y mujeres. Yo hasta aquel viaje tenía un conflicto conmigo porque para mí sólo había hombres o mujeres; lo demás eran cosas raras.

¿Cómo se vive en la India la transexualidad?

–El travestismo, porque la transexualidad es antigua y no se practica más. Antes las operaban, en las épocas de los reyes. Eran los famosos eunucos, y es una práctica que está prohibida. Es una cuestión religiosa. Por eso hoy existen sólo lo que se llama las isharas y está permitido. Hay una noche en que Krishna se transforma en mujer por una necesidad, para salvar al mundo de un espíritu malo, y si él lo hizo, ¿por qué no los demás? Por ese motivo no está mal ser travesti. La discriminación que hay es que no son personas “tocables”, aunque se dediquen a la prostitución (la prostitución no es legal, pero nadie hace nada). Para sobrevivir también tienen derecho a pedir, ya que no pueden trabajar, la gente les da por misericordia. Y cuando nace un bebé piden que venga un grupo de isharas para que hagan un escándalo en la puerta de la casa y alejen a los malos espíritus.

¿Y cómo lo viviste vos, que seguramente necesitabas ser tocada…?

–A mí me tocaron demasiado (risas), yo me empaché. Es que para ellos ser turista es una condición atrayente: blanca y rubia, tenía todo lo que a ellos les gusta. En ese caso las leyes no existen, porque entienden que una no entiende su cultura. La ropa es muy importante, no tener los hombros o las rodillas descubiertas. Como yo iba entrenada por el centro Sai Baba, sabía que no debía hacerlo.

¿Eras terapeuta transpersonal desde antes del viaje o a partir de ese momento?

–Había empezado antes. Viajé para culminar mis estudios. Estudié con Louise Hay. La terapia transpersonal trabaja con el ser que somos, el que creemos ser y el que les mostramos a los demás. Sobre esos tres personajes trabajamos para que lo que pensamos sea lo que decimos y lo que decimos sea lo que hagamos. No llegué a tanto. Eso es la perfección. Pero hay muchas cosas en el medio. Es un trabajo largo, lento, más rápido para algunos que para otros.

Es una extraña combinación la tuya. Sos tranquila, aplomada, pero tu nombre es de guerrera. ¿De donde salió esa elección?

–Escuché por primera vez ese nombre en un viaje a Brasil, siendo muy joven. Había una morenita a la que, además de ser bonita, me encantaba escuchar cómo su madre le decía: Ariana, Ariana…. En ese momento me dije: ése va a ser mi nombre. Yo soy de Aries, el signo del impulso, del deseo. A veces soy muy explosiva.

¿Tu papá era boxeador?

–Sí, y mamá, modelo de Paquito Jamandreu. Paseaba pieles. Una mujer recontra linda. Sigue siéndolo con setenta años. Los extremos del yin y el yang, de eso salí yo, que quedé con mucho de los dos y por eso me confundí, pero ganó el gen de mamá. Cuando a los 12 años le conté de mi condición, ella me respondió: “Estaba esperando que vos me lo dijeras, porque yo ya lo sabía”.

¿Pensás que es atípica esta buena relación que tenés con tu mamá?

–Hay de todo. Porque también las chicas expulsadas cuando mandan una foto de lo bonita que están y del dinero que tienen, son muy bienvenidas nuevamente. Y otras que padecen porque les cierran la puerta de verdad. Yo siempre fui bien tratada. Toda la vida viví con mamá, salvo los siete años que estuve en Brasil y los tres que viví en la India. Cuando estaba con Tomás, con quien salí diez años, vivía en el departamento de enfrente. Tengo un cordón corto. Ella es muy controladora, pero ahí yo le digo: “No me rompás los huevos”.

Señora de radio

Ahora se abre la puerta. Ariana saluda a su novio actual, Nicolás. Su madre se pone muy contenta y me dice que este guitarrista buenmozón y afrodescendiente ya es de su familia. Viven juntos los tres durante los viajes que ella hace a Buenos Aires para visitar a su hija. La suegra le ceba mate al yerno. Detrás de ellos están los sombreros. Muchos sombreros, capelinas, alas anchas, variados colores. Todos expuestos al lado de un aparador lleno de adornos, donde hay un reloj de arena que es el premio ETER que Ariana recibió de manos de la Negra Vernaci. “Es mi madrina radial”, dice. Dignísima, como su elegante madre, se cruza de piernas frente al gran plasma colgado de una de las paredes del monoambiente y, cómoda en el amplio sofá, mira uno de los partidos del Mundial. “¿Viste alguna vez una mujer que relate partidos de fútbol? –me pregunta–. No. Tal vez alguna y la tomaron como un chiste, se rieron un rato y la dejaron a un costado. En la radio no se toma a las mujeres en serio.”

¿Y cómo fue para vos entrar en ese mundo de la locución?

–Yo fui la primera transexual en meterme en ese mundo. Las chicas trans tienen toda una cosa con la voz, quizá porque no saben que pueden trabajarla con fonoaudiología y foniatría. La radio, así como parece tan sencillita, no es un mundo fácil, es muy machista. La mujer difícilmente es conductora, tiene que tener una cosa medio chongaza para eso. Todas las que han llegado lo han logrado con lucha, inteligencia y mostrando una cosa medio tortona. A mí siempre me confunden con una lesbiana y yo les digo: ¡soy algo peor que eso!

Tu premio ETER, de la escuela de comunicación donde estudiaste, es todo un reconocimiento de parte de tus pares…

–Sí, fue por mejor conducción de programas por Internet. Y también gané otro en Uruguay. Hubo mucha gente que apostó por mí. Tal vez, entre otras cosas, porque hice un trabajo diferente del que se estilaba entonces. En segundo año empecé a hacer notas sobre el mundo gltb y a difundir que había otras opciones de vida y estilos que no es que no se conocían, pero no se mostraban.

¿Qué caracteriza hoy a tu programa radial?

–Informarlo todo: así como que a un matrimonio hétero le roban a una nena, a una pareja homoparental no le permiten inscribir a su hija en determinado colegio. Que sean cosas similares que suceden en una u otra estructura. Personas con derechos que no son tratados como deben ser y punto, sin toda esa otra burbuja. Todos tenemos distintos problemas por diferentes cuestiones, pero no por diferencias en los derechos. Y este año, además, mi vocación de terapeuta transpersonal se hace sentir, porque venimos muy esotéricos, muy centrados en el quién soy, cómo cuidarme. Porque muchos y muchas ya empezaron a ejercer sus derechos, ahora tienen que ocuparse de otras cosas y descubren que están ellos detrás de todos esos quilombos cotidianos también, como el resto.

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