Lo último en ingeniería social: la Transexualidad

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Por su interés reproducimos un artículo que nos ha remitido Charlotte Goiar, responsable del recurso educativo SHB-INFO.ORG en línea desde 2005. Su extenso trabajo ha sido traducido a más de diez idiomas y reconocido por la prensa nacional acreditada. Nació en 1972 en España, con Síndrome de Harry Benjamin diagnosticado desde la infancia, una condición en su caso ampliamente avalada por la medicina y por los altos tribunales españoles, incluyendo el Tribunal Supremo.

El Trastorno de Identidad de Género lo padecen solamente 1:30.000 bebés nacidos con genotipo XY y 1:100.000 bebés nacidos con genotipo XX, según datos estadísticos de la Organización Mundial de la Salud. En la actualidad se sabe que se trata de un trastorno del desarrollo sexual (TDS) con etiología neurogenética [1] considerándose por tanto como una enfermedad de las denominadas raras o poco frecuentes.
El término transexual se comenzó a utilizar como modo de identificar a una persona aquejada por el diagnóstico médico de Transexualismo (CIE) a mediados del siglo pasado.

Estos pacientes sufren una patología congénita que reviste gravedad y sólo puede curarse con la aplicación de una dramática combinación terapéutica de tratamientos psicológicos, endocrinológicos y quirúrgicos.

A medida que fueron pasando los años el significado de este término médico fué distorsionándose progresivamente por interés de los grupos GLBT hasta llegar a adquirir un significado sociopolítico totalmente ajeno al original, una «identificación social» para una variada gama de individuos cuya expresión de género (no confundir con identidad de género) es ambigua y no corresponde con los roles propios del género binario, esto es, masculino o femenino.

Sin embargo, al margen de cómo expresemos nuestra identidad de género (o identidad sexual, es lo mismo), ésta es innata e inmutable: nuestra concepción propia sobre nuestro sexo, varón o mujer, es una estructura permanente en el ser humano que se establece durante los primeros meses de gestación.

No es una opción que se pueda elegir y es dual, es decir, una persona «es hombre», o «es mujer». Únicamente es variable la forma como la expresamos (expresión de género) lo cual depende de una serie de factores educaciones, culturales y en menor medida, biológicos.

Hoy en día se puede afirmar que la vasta mayoríaa de personas que se autodefinen a sí mismas como «transexuales» no padecen Transexualismo (Trastorno de Identidad de Género). Dentro de esta definición de «transexual» se incluyen ahora personas travestis, transgéneros, bigéneros, andróginos, «free spirit», trigéneros, y un largo etcétera de individuos con la más diversa expresión de género -no confundir con identidad de género.
Estos colectivos «trans-queer», fieles a la ideología de género, la cual es la base que sustenta su filosofía, han llevado a cabo un largo y profundo adoctrinamiento de sus integrantes durante los pasados 20 años sobre lo que debería ser para su conveniencia esta enfermedad, el Trastorno de Identidad de Género.

El resultado de ello es el actual Movimiento de Negacionismo de esta enfermedad cuyo único propósito es la destrucción del esquema binario de género tradicional (H/M) mediante la imposición forzada de subjetivos modelos de género inexistentes en biología.

Lo hacen aprovechándose del desconocimiento público sobre el Trastorno de Identidad de Género, que en el imaginario popular se suele confundir con la orientación sexual o con trastornos de la personalidad, ellos lo saben y actuan en consecuencia para su beneficio, tanto en sus acciones sociales como políticas.

Por ejemplo, la reciente aprobación de una ley en Andalucía (proyecto impulsado por estos colectivos) que pretende regular la «transexualidad» -concepto sociopolítico ambiguo que incluye desde personas travestis hasta personas con trastornos del desarrollo sexual [2] que revisten gravedad, viola los derechos personalísimos de la mujer al prevenir en su articulado la «autodeterminación» consciente del género propio de los «transexuales» (travestis en su mayoría varones), un supuesto contrario a toda evidencia científica.

Esta legislación manipula, confunde y unifica peligrosamente condiciones humanas graves (Trastorno de Identidad de Género) con otras de orden sexual (travestismo) en un intento de obtener embozadamente tratamientos estéticos gratuitos de la salud pública para los travestis y no resuelve la situación de fondo que sufren las personas involucradas en este proyecto, a causa de su diversidad.

Los mayores perjudicados de esta maniobra política son las personas enfermas con Trastorno de Identidad de Género pues el tratamiento digno de su patología se ve frivolizado por esta ley que descentraliza la atención especializada ya organizada para atender estos casos.

La realidad es que el interés que tienen estos pacientes afectados por Trastorno de Identidad de Género por destruir el esquema binario de género (H/M) sobre el cual se estructuran sus dinámicas sociales, es prácticamente nulo.

Esto es comprensible pues estos pacientes lo que más valoran es precisamente este esquema binario de género (H/M) en el cual han sido educados y que reconocen como el suyo de forma natural, pues el fin último de la curación del Trastorno de Identidad de Género es la normalización y adecuación dentro de la estructura social binaria de género: ser hombre (H) o ser mujer (M), y desarrollarse socialmente como tal.

En conclusión, menos del 1% de la población sufre el llamado Trastorno de Identidad de Género (Síndrome de Harry Benjamin) siendo éste un trastorno físico de nacimiento. El diagnóstico y tratamiento médico de esta patología están ampliamente validados en la literatura médica internacional [3]. Desgraciadamente este minoritario grupo de pacientes carecen en España de representación legítima propia (asociaciones específicas de pacientes)
y son los grupos GLBT quienes hablan y promueven medidas políticas en nombre de ellos.

Esto último resulta en un beneficio para la ideología política GLBT, que está puramente basada en la ideología de género, lo cual causa un profundo deterioro del tratamiento médico de las personas que están realmente afectadas por el Trastorno de Identidad de Género. Afecta incluso a personas (niños y adolescentes incluidos) que ni padecen este Trastorno ni son parte de la corriente ideológica GLBT, debido a la generalización de la ideología que el movimiento GLBT imprime en las leyes para su forzosa implementación social.

Charlotte Goiar

Referencias:
[1] PubMed: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20372674
[2] El Tribunal Supremo reconoce en su sentencia del 23 de Mayo de 2013 que Charlotte

Goiar sufre un «estado intersexual patológico» lo cual en medicina moderna se denomina ahora como Trastorno del Desarrollo Sexual (TDS) tras la Conferencia de Chicago de 2008 celebrada por la comunidad médica internacional, cuando se actualizó su nomenclatura.
[3] NCBI-PMC: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3043071/

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